¿Cuánto aprendes en diez años?

Diez años me separan cronológicamente de Carmen. Cuando la miro no puedo evitar verme reflejada en su inocencia, su ilusión y sus ganas de irrumpir con fuerza en este mundo que llamamos Educación. La observo y siento añoranza, porque cuando inicias tu carrera profesional, tienes ante ti todo un universo por descubrir, y ese nivel de pureza e intensidad, sólo se vive una vez. Al mismo tiempo me invade cierta responsabilidad, diría incluso necesidad de protección. Soy capaz de predecir desilusiones y tristezas que sin duda harán temblar sus cimientos profesionales y puede que incluso personales, y sin embargo, no puedo hacer nada para evitarlo, ni creo que fuera correcto hacerlo, puesto que son experiencias que van a forjar su perspectiva y su personalidad.

“Cinco horas y media se convirtieron en una, es sí, muy intensa. 18 niños y niñas parecían 50. Me daba la sensación de que mis dos manos actuaban más lento de lo habitual… lo que parecía tan fácil de la mano de la seño, se convertía en algo más complicado para mí. por mi parte había intentos continuos de querer sembrar calma entre los pequeños, pero el mensaje que realmente transmitía era de puro nervio, y eso los niños lo notaban a kilómetros. El exponerme a estas situaciones que no sabía cómo controlar inundaban mi cabeza de pensamientos destructivos hacia mi maestra interior”

Una de esas experiencias acaba de acontecer junto a mi. He podido contemplar como su ideal de maestra y sus sueños educativos peligraban ante el abismo de un aula llena de niños de dos años. Un momento decisivo por el que la inmensa mayoría de educadoras hemos pasado, una vivencia que puede hacerte renacer como el ave fénix o hundirte en la perdida que supone sentirte equivocado en tu vocación.

“No sirvo, no soy capaz, no sé manejar una clase, no soy una buena profesora… mi cabeza sólo se quedaba con lo malo y la sensación no era muy positiva para poder avanzar. Cuando llegue a casa, derrumbada, no quise más que aislarme, descargar y descansar”

Y ante esta realidad me pregunto, ¿por qué sigue sucediendo lo mismo después de diez años?. El tiempo pasa y los centros universitarios siguen arrojando educadores a las calles que por ellos mismos tienen que aprender y buscar recursos que en la realidad de las aulas les aporte éxito y reconocimiento. Los maestros encargados de las practicas formativas siguen dejando a sus aprendices a un lado, les imponen sus ideas “siempre ciertas”, ofreciéndoles la oportunidad de observar desde la banda, en el peor de los casos te mandan a hacer fotocopias, a recortar y ordenar. Donde se supone adquieres tus conocimientos personales, la mayoría encuentra una serie de anécdotas a cual más vergonzosa.

“Autoridad es la palabra que más repetía en mis reflexiones, cómo lograr que los niñas y niñas me respetasen y me considerasen una figura de autoridad. Seguridad en mí misma, decisión, confianza, ingredientes ausentes y completamente necesarios”

Asamblea campamento de verano
Asamblea

¿De quien es la culpa?, ¿a quien responsabilizamos de la mala formación de los chicos y chicas que se suponen serán el futuro de la educación?. No tengo repuesta… sólo un sentimiento de indignación e impotencia ante las situaciones que injustamente se repiten a pesar del paso de los años.

La única solución que se me ocurre es ser una seño que sepa adaptarse a las situaciones que se presenten, flexible, comprensiva, humana… pero conformar una actitud con este tipo de principios no se consigue ni a través de los libros, ni en las aulas de la universidad, ni durante las prácticas, en las cuales toda la responsabilidad recae sobre la tutora, y tu función se reduce a echar una mano. Donde realmente se consiguen este tipo de cualidades es a través de la práctica, de la necesidad, de exponerte a estas situaciones con poco más que una maleta llena de conocimientos y recursos, que en mi caso de poco sirvieron”

Hagamos todos una reflexión sobre estas palabras que hoy exponemos, porque señalar culpables no ayuda a resolver nada, pero si en el año 2017 siguen sucediendo las mismas cosas que en el 2007, ¿debemos suponer que la formación en educación no ha avanzado ni mejorado nada en ese tiempo?, ¿debemos asumir que la prácticas siguen siendo más que escasas y que la implicación en ellas brilla por su ausencia?. Ahí lo dejo. Cada cual que lo valore como considere.

Lorena Quintero (Directora)

Carmen López (Educadora)

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