Con estrellas en los bolsillos

Esta semana llegamos al final de nuestro campamento de verano y empiezan las reflexiones sobre él.

Debo sentirme orgullosa por el trabajo realizado, por la preparación del mismo, por cada día de pensar y actuar, por el gran equipo con el que he contado y por el cariño de los niños con quien lo pasamos tan bien.

Hace ya varios años que empezó esta andadura y cada año nos hemos ido superando, si bien, creo que éste está siendo un verano increíble. Nos propusimos una idea que englobase todo lo que fuésemos a hacer en estas cinco semanas, y nuestro viaje al espacio ha quedado redondo.

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Pintamos nuestros planetas

Nos gusta crear un grupo limitado cada año, y es que no es tan importante la cantidad de niños que asistan como conocer a cada uno de ellos, como se llaman sus hermanos, que tipo de actividades les gustan, implicarnos en sus cumpleaños y querer que crezcan un poquito más durante este tiempo.

Pero este año uno de los hándicap ha sido que el grupo ha crecido un poco por la gran demanda y cada semana cambiaban algunos integrantes, por lo que había que volver a introducir a esos niños en lo que estábamos haciendo sin olvidarnos nunca de los que ya conocían todo y no podíamos dejar que se aburriesen.

Los campamentos nacen para ayudar a las familias a conciliar, para que el tiempo con los abuelos sea un disfrute y no una obligación, para que los padres no tengan que coger vacaciones en el trabajo por separado para abarcar todo el verano del niño, para que los hermanos disfruten experiencias juntos y un largo etcétera.

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visita al museo

Pero creo que para los niños es una gran experiencia, porque les aporta otros momentos, conocer a otros niños, quizás pasar unos días fuera de casa y crecer como personas, dar valores y encontrarse a si mismo fuera del ámbito conocido del colegio.

No hemos querido ser un campamento al que se asista por cercanía o por un precio reducido, hemos buscado ser distintos, ofrecerle a los niños unas experiencias realmente únicas y sobre todo, un espacio en el que se sientan seguro y contentos.

Por eso hemos intentado adaptar nuestra metodología de proyecto a este pequeño lugar y tiempo, y hemos creado una programación en la que hemos explorado el espacio a través de un viaje lleno de aventuras, de múltiples experimentos y risas a cada instante.

Nuestros peques se irán sabiendo muchas más cosas pero sobre todo sintiendo que en estas cinco semanas han sido un equipo, han reencontrado a sus amigos de verano y han vuelto a sentirse queridos por sus profes del campamento.

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Pintamos con luz negra

Como siempre que estoy en un aula y que convivo con los niños me llevo la sensación de aprendizaje, de comprender que todos los peques tienen mil cosas por dar y por enseñar y, ante todo, mi mochila se ha llenado de abrazos, besos y sonrisas incomparables.

Nos vemos el verano que viene mis pequeños astronautas.

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